lunes 16 de julio de 2007
domingo 15 de julio de 2007
Informe desinformado

Con la torrija reglamentaria por castigo los mastines abanderan el jolgorio. Hip hop. La red. On line. Algún gato que se posó delante. Dicen, dicen, dicen, venga, dale.
La sociedad de la información. Cotilleos. Todo es dudoso, nada es increíble, la verdad, y toda la gama de categorías equivalentes no existe, ya desde hace bastante que se sabe, lo han dicho en la radio gente con estudios hablando en serio. En el caso inverosímil de que existiera algo parecido esas mismas emisoras estarían pendientes de los fichajes del siglo y los periódicos publicarían una aproximación tan lejana e incomprensible que necesitaríamos ufólogos rusos e investigadores de la TIA, para descifrar los enigmas insondables de una fusión en bolsa, la fusión fría, las infusiones, las transfusiones, la teoría de cuerdas, los gemelos polacos o la dictadura militar de Pakistán, por no hablar del peronismo a secas y el peronismo a la francesa de Sarkozy. Además, esa posible portada de un periódico imposible, con “la verdad” a tres columnas, no interesaría a nadie. ¿Quién, en posesión de sus facultades mentales, se iba a creer la verdad escrita en un papel, en el idioma que fuere y por sugestiva que pudiera ser la banda sonora o el despliegue de producción?
Lo curioso del caso es que la mentira si que existe e incluso algunos científicos que la han visto y estudiado la describen como un ser de “patas cortas”. Ya habían dicho los clásicos que las certezas son más resistentes en negativo. Las mentiras se publican y difunden continuamente por todo tipo de vías y con todo tipo de propósitos. Muchas, las más burdas, son fácilmente detectables. Otras cuelan y empapan. La fuerza bruta de las comunicaciones aplasta cualquier intento de discriminación informativa. El viejo intento del escriba sentado, Montalbán el egipcio y alrededores, descodificar el lenguaje del poder, y por tanto sus mentiras, explicar el truco del mago, no interesa a los anunciantes, ni a los patrocinadores, ni a los distribuidores, ni a los vendedores. Esta falta de interés debe venir ya desde Dostoyevski, fino medio centro del CSKA, un crack. Pasó largos años cedido a un equipo de la segunda división Siberiana por “discrepancias” con el club dueño de su “transfer”.
La relación del poder con la información, y al revés, medios y mensajes, no es solo la introducción de un espejo deformante, sino la conformación interesada de una simulación de lo real, pret a porter o personalizada, aislada, por tierra, mar y aire, conducida, de conductismo, a las conclusiones, previamente elaboradas por los guionistas, para mantener una ficción; las realidades pueden comprarse, en porciones, en unos grandes almacenes a gusto del consumidor. Lo que no es más que una revisión de la vieja idea religiosa de comprar bonos en eternidad. Cómprese una realidad esterilizada, diseñada por los mejores expertos, con garantías de asepsia y confidencialidad. Como aspiración vaga tiene un pase, como creencia es una necedad.
En la red la información valiosa es precisamente el usuario quien la proporciona no quien la recibe. Los dueños de los medios de producción, aunque sean virtuales, ocultan, minimizan o desfiguran informaciones, es decir realidades, con una capacidad transformadora que consideren, más o menos arbitrariamente, lejana a sus intereses.
Lo realmente interesante de la realidad cibernética para quien está al final del cable, no son las respuestas que encuentra el usuario, ni las posibilidades comerciales sino las preguntas, un caudal descomunal, cuantificable, medible, de “búsquedas” que hace a “la red” la enorme comunidad “enchufada”. Una encuesta fiabilísima, permanentemente actualizada, de los intereses de cientos de millones de personas. ¿Qué es la información? ¿Y tú me lo preguntas?
Abel Ortiz
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viernes 6 de julio de 2007
Mariano, tronco

Fue un verano húmedo aquel de 2007 en la región subpirenaica. Al este, hacia oriente, murieron, en Palestina, en Irak, en Afganistán, en El Líbano, y en otra decena larga de guerras, miles de seres humanos, asesinados, despanzurrados por bombas o de cualquiera de las cientos de formas que los hombres han cultivado, para matarse entre ellos, desde tiempo inmemorial.
En el Oeste la civilización programa, con meses de antelación, las muertes en carretera, en los geriátricos de concentración, bajo olas de calor, aplastados por una tolva o por un escenario, y computa los resultados como datos estadísticos a mejorar en el siguiente ejercicio, como tributo inevitable al bienestar.
Al norte, abundancia, al sur miseria. El verano de 2007 fue como los demás; caluroso.
En Harlem, New York, llegó agosto tórrido, aplastante, deshidratador.
Steve Coleman sincronizaba sudando su saxofón al ulular estridente de las sirenas policiales imitando un aullido opaco y acorchado, ensayando ensimismado desde la ventana más soleada de la casa. Spike llamó a la puerta con una bandeja de shushi expropiada en el supermercado y una botella de Lambrusco regalo de la gasolinera. El mundo, como siempre, estaba rematadamente loco. Afuera Sepulturero Jones y Ataúd Jonson silbaban al volante, patrullando el barrio, una canción de Temptations.
En Berlín, Alemania, los nietos de la fura dels Baus trasegaron helados, kebabs, pizzas, salchichas y frijoles con carne. La temperatura subió hasta las cumbres más altas. Atacaron las medusas los cuerpos relajados de los bañistas que volaron al sur homologable. Despidieron de su trabajo a muchas personas cuando más lo necesitaban. Este y oeste, ossis y wessis, intentaron sobrevivir a la reunificación geográfica de dos convenciones, al imposible físico de juntar categorías antagónicas. La Polizei repasa la documentación de los transeúntes sospechosos de ser sospechosos.
En África la gente se tira al mar. En verano y en invierno. Este año, el pasado, el anterior, el que viene y el siguiente. Nuestro recibimiento, realista, pragmático, posibilista, consiste en repatriarlos. Vivos o muertos. Los djembés tocan a funeral a menudo. Otro paisano se quedó en el intento. No entendió que la emigración tiene sus normas, sus cauces, y que para huir es necesario un salvoconducto, un permiso, un papelín. La policía de Nigeria recoge el cadáver.
En Miami suena los ecos cubanos de la banda más caliente. Arturo Sandoval revienta la trompeta pensando en la noche tunecina. El asfalto humea entre noticieros locales y estrenos mundiales de películas al por mayor. Jonathan y Chole, en el culto, dan gracias por el nuevo refrigerador con enormes ventajas. Pedro Navaja aprieta un puño dentro del gabán. Dice Rubén Blades que las flores más bonitas son las del desierto. En el Sahara están de acuerdo.
En Cai, que me estas contando, my friend, a mi de tu bahía, salen por tangos a pedir trabajo. De Camarón salpican las olas nocturnas. Barcos de las batallas. La sexta flota.
Caló, mucha caló. El verano de 2007 el agua llenó los pantanos y arrastro en la corriente los troncos muertos del cauce. Uno se llamaba Mariano. ¿A quien le importa?.
Abel Ortiz
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jueves 28 de junio de 2007
Honorable Ramonín, pleitos tengas y los ganes

Con todo el respeto, queridísimo y muy honorable rey del pollo frito, voy a darte unos consejitos gratis para que tengamos la fiesta en paz. Sobre todo tú. Estás a tiempo de retirar esa denuncia que pusiste en un momento de ofuscación. Estás a tiempo de dejar tranquila a la gente de “a las barricadas” que intentan sacar adelante un proyecto serio, libertario, con respaldo efectivo, el trabajo de un colectivo noble y dispar, que de todo hay, que no tiene porqué pagar tus honorables ataques de honorable divo histérico.
Estas a tiempo de evitar que la mierda te tape esa carita de tertuliano con patatas que se te ha puesto, Ramonín, hijo. Si tú no retiras esa denuncia, honorable Ramonín, y esa página con miles de lectores sufre problemas de viabilidad económica por el alto precio de tu “indudable” honorabilidad, la habrás cagado mucho más de lo que la cagas desde hace treinta años, que no es poco. Si hay comentarios que no te gustan, amigo y muy honorable Ramonín, te jodes y bailas. En eso consiste esto de la libertad. ¿Te acuerdas cuando cantabas aquello tan bonito de me firmareis el culo? ¿Te acuerdas cuando escupías a la peña en tus conciertos? ¿Te acuerdas Ramonín? Que tiempos. Si cada vez que de tu boca salía un insulto un juez te hubiera clavado un kilito estarías vendiendo cartones en tu barrio Ramonín. ¿Te acuerdas de por la filós, Ramonín? ¿Quieres que repasemos aquellos honorables artículos para que veas como tu concepto del honor varía según quien sea el objeto de las invectivas, chanzas o burlas? ¿Que habría sido de ti, honorable Ramonín, si los jueces de los setenta hubieran hecho los asquitos al honor que tu haces ahora, famoso y forradete?
Querido y muy honorable Ramonín, voy a ponerte un ejemplo que hasta tú entenderás sin dificultad. Imagínate, ánimo, tu puedes, uno de esos días que vas a tomar una garimba por ahí. Por esas cosas de la vida te da por ir al tigre. Allí alguien escribió, un suponer, Ramonín es tontito, con un rotulador. ¿Qué harías? ¿Llamar a la madera para que detengan al dueño del bar? ¿Denunciar a la comunidad de vecinos propietaria del inmueble? ¿Investigar la marca del rotulador? Honorable Ramonín, hijo, a todos nos han faltado al honor alguna vez. Pero tu que eres muy vivillo y te sabes a tus clásicos sabes que eso de preferir la honra sin barcos a los barcos sin honra es de hace tres siglos. Mira Ramonín, haz un experimento. Compra el Jueves. Si cada personaje con el que se hacen coñas se hiciera la monja violada mancillada en su honor no existiría la revista que sale los miércoles, de lo poco potable que nos queda en los kioscos. Si tú te cargas a las barricadas un honorable fantasma te perseguirá siempre. No te asustes. Serás tu mismo que no te aguantas. Ramonín, majo. Ah, por cierto, si te he faltado al honor vete al juez. Soy insolvente. Como tú.
Abel Ortiz
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miércoles 27 de junio de 2007
Bye, bye, Blair

El amigo Toñín se va. Una boquina menos. Ya solo nos queda, en cartel, Jorgito, el “leader” del Azores trío fucking band. El escocés de la tercera vía pasará a la historia como un político hábil y un gran estadista; traducido, para la gente normal, un criminal de proporciones bíblicas y el sepulturero del laborismo convertido, tras el paso de este chico, en un bonsái de la emancipación de los trabajadores. Además de un gilipollas, a juicio de Bono, que de gilipollas ha hecho hasta masters en Washington.
Hacer pasar a este vendedor de enciclopedias incompletas por un hombre de izquierdas ha sido una de las mejores operaciones de los servicios secretos de su majestad.
En realidad se ha comportado como un alumno aventajado de la Tatcher, aquel sargento de los gurkas que amenazó a Miterrand con un ataque nuclear sobre Buenos Aires si no revelaba los códigos de los misiles exocet, de fabricación francesa, que utilizaban los milicos argentinos en Malvinas.
Si es verdad que ya Churchill aplaudió el británico deporte de gasear kurdos en Irak en los años veinte, de donde nacería la anglo-persian oil company, el amiguete Toñin es responsable directo del genocidio televisado de hoy. No es mal balance para la edad que tiene. Lo malo es como le de por los negocios. Es muy capaz de abrir una factoría Disney en Abu Ghraib. Ahora, que llegan los balances, nos presentarán la cara amable del psicópata de las armas de destrucción masiva. Dirán sus “exegetas apologéticos”, que serán legión, que no fue comprendido por sus conciudadanos, que era una época muy difícil, que si la abuela fuma. Ya. Guantanameras. Lo cierto es que Toñin entre creiques y penseques ha llenado de sangre, solo o en compañía de otros, el oriente próximo, el medio y el lejano no, porque no ha tenido tiempo.
Con esa cara de amigo del protagonista que no ha roto un plato de beans en su vida ha estado implicado en más mentiras de las que se suponen como aceptables en su oficio.
Tiene una naturalidad mintiendo asombrosa, el pasmo de Edimburgo. Mentir está muy feo pero es de peor gusto cuando quien lo hace es presidente de un gobierno con un ejército engrasado para respaldar las patrañas. También está feo achicharrar a tiros a los morenos, brasileños en este caso, ante la peligrosísima posibilidad de que sean árabes, hacer escuchas ilegales en la mismísima ONU, trapichear con la BBC o que se te suiciden los testigos claves. Todo ello sin perder la sonrisa de chico faldilargo educado en las mejores escuelas escocesas. Un amor. El yerno perfecto para la mamá de Alaska y los pegamoides. El amigo, el fraterno compañero de eurofatigas se nos va, una vez bien colocados los polacos para marear la europerdiz, con los pounds en vigor y el continente incomunicado. Digan lo que digan los libros de historia, los propagandistas y los tertulianos, un canalla es un canalla. De azul, verde o marrón.
Abel Ortiz
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martes 26 de junio de 2007
Un grupillo de grajos

Estos córvidos declaracionales de la conferencia episcopal son el mal y se esfuerzan en que se les note. Ellos mismos utilizaban, en sus buenos tiempos de generales y palios, una formula, para explicar el infierno, que ilustra mucho mejor al definidor que lo definido; maldad absoluta sin mezcla de bien ninguno.
Cañete, Blázquez, el impagable Camino y demás “figuras” de la barahúnda episcopal, ultras de buenas palabras y puñalada oxidada, guardia pretoriana en nuestro país del papanazi, se han liado la manta a la cabeza y acuden a la provocación permanente como táctica desestabilizadora. Fariseos. Hipócritas.
Cierto es que no se puede esperar mucho más de un mundo de fratrías sectarias como es la jerarquía católica. Cierto es que no se puede esperar mucho más de un mundo dogmático, maquiavélico, mefistofélico, como es la jerarquía católica. Cierto también que es ingenuo esperar otra actitud de tales faunas y floras o entrar al trapo, rojo cardenal, de determinados “cebos”. Quizá sería mucho mejor ignorar los exabruptos de estos “jefes” a los que nadie ha votado. Que lejanos los tiempos en que los fachas gritaban aquello de Tarancón al paredón. Que cercanos los tiempos de San Carlos Borromeo.
A cuenta de la asignatura educación para la ciudadanía esta panda mafiosa vuelve a revolver las tripas de no pocos ciudadanos. Los “comecuras”, personajes de otro tiempo, desaparecidos, pueden volver si nuestros simpáticos amiguitos siguen abonando el terreno. Quizá pretendan exactamente eso. El martirologio siempre ha sido útil al Vaticano. El papel de victima lo bordan sus reverendísimos padres. La iglesia perseguida….¡¡¡A mi la legión¡¡¡. Queridos hermanos. Congratulémonos por que estas almas descarriadas también son obra del señor (aunque parezca mentira). Congratulémonos pues, de que estos hombres piadosos, miembros de una multinacional que tiene la poca vergüenza de denunciar a Amnistía internacional, no son manteados en plazas y parques. Congratulémonos de que nuestros hijos, esperemos que dure, estén fuera de la jurisdicción de estos mentecatos. Congratulémonos de que, aún sabiendo de su enorme poder, su decadencia es pareja al estrépito con el que pretenden salvarse.
Ya sabíamos lo mal que Polonia recibe a los extranjeros, fontaneros o no.
Ahora el país que hizo para el Vaticano todo el trabajo sucio de la guerra fría, que vendió al opus dei los mejores edificios de Varsovia, continúa ejerciendo de testaferro de los nazis de la cruz, gamada o sin gamar, cruz al fin.
Quieren decidir que estudian los niños. Quieren decidir como se gestiona Europa. Quieren un poder que no les corresponde. Vociferan, gesticulan, ladran, rebuznan, vaticanean. Que San Buenaventura les coja confesados.
Abel Ortiz
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miércoles 20 de junio de 2007
Tres años a la sombra

Alguien se ha vuelto majareta en Asturies. Ahora mismo, en la cárcel de Villabona, tienen presos a dos sindicalistas, dos trabajadores, con una condena de tres años. Más de mil días. Uno de ellos, Cándido, ha cotizado cuarenta años, catorce mil seiscientos días, a la caja pública trabajando para la empresa que transformó, tras sacarle todo el jugo maximizable, a un guaje de catorce años en un prejubilado forzoso. Morala, treinta y cinco años en el tajo, más de lo mismo. Son culpables, según un juez, de haber roto un panel electrónico, de la policía municipal, conectado a las cámaras de vigilancia, durante las movilizaciones de la naval Xixón en demanda de carga de trabajo para el astillero. El ayuntamiento, PSOE e IU, antes y después de las elecciones, es denunciante.
Hay componentes más que inquietantes en “esto”; un infiltrado de la policía en organizaciones legales que declara contra los sindicalistas en el juicio, después de romper, e incitar a romper, cristales en una movilización en Barcelona y dirigir asambleas de las organizaciones espiadas, pruebas no admitidas por el tribunal, aplicación de la legislación antiterrorista según la cual Candido y Morala deberían cumplir “integra” la condena, la presencia subrepticia de los reyes del pelotazo olfateando “hueco” enladrillable en la bahía de Xixón.
Este asunto huele que apesta. Intereses muy poderosos deben estar en juego cuando se está dispuesto a llegar a un disparate evidente, incontrovertible, sangrante. Ni aunque hubieran pegado fuego al astillero entero se justificaría una condena tan desproporcionada. A no ser que la izquierda del bastón de mando quiera cambiar los usos de la movilizaciones y pretendan que las protestas de quien ve en la cuerda floja su vida se lleven a cabo en fila de a dos, sin molestar al tráfico, sin levantar la voz, vestidos de frac y solicitando autorización por triplicado con póliza, permiso paterno y la bendición del párroco.
El soniquete confitero de “respetar las decisiones judiciales” puede llegar a ser un sarcasmo cuando las cosas son transparentes. Esto no solo es una injusticia palmaria.
Es un despropósito, una patochada, una cacicada, una vergüenza. No hay ninguna interpretación posible. Han ido a por ellos. Como en los viejos tiempos.
Las movilizaciones ya han empezado. Parece que se avecina un pulso. Han pinchado en hueso, esto no es Hawai. Han empezado los paros que se multiplicarán. La referencia a “los lunes al sol” se ha repetido durante estas semanas. Bardem interpretaba a un paisano como Cándido, como Morala, como cualquiera de los trabajadores de la Naval. Sin embargo, como referencia filmográfica, tal y como se está desarrollando las cosas, yo recordaría más bien “Carne de Gallina” una estupenda película sobre la cuenca minera y su decadencia económica tras sucesivos “ajustes” tan parecidos a los de la naval como se parece un cabrón a otro cabrón. Cuando la cosa se calienta y se pierde el respeto a las personas, a la razón, a la lógica, a los usos y costumbres hay que defenderse. En “carne de gallina” cuando el conflicto se desata alguien se enfada y toma una decisión, con los voladores en una mano y el chisqueru en la otra, como hicieron sus padres y sus abuelos:
-Avisa a Miguelín el de la madreñería que vamos a correr maderos….
Desgraciadamente esto no es una película. Es la realidad por asombrosa que parezca.
Recuerdo a Montalbán citando a Pavesse; quien ha estado una vez en la cárcel vuelve a ella cada vez que come un trozo de pan. A Candido y Morala no solo tienen que soltarlos inmediatamente. Deberían, además, indemnizarlos, debería haber dimisiones y ceses. Lo que pueda pasar a partir de ahora solo será fruto de la ceguera selectiva de la justicia y de la soberbia de una izquierda que luego llora las abstenciones culpabilizando a los abstencionistas. Menos llorar los votos perdidos y más dar la cara. Que saquen a los dos trabajadores de la cárcel, ahora mismo. Lo demás es propaganda barata. Y, ya lo decía mi abuela, lo barato suele salir caro.
Abel Ortiz
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Abel Ortiz
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miércoles 13 de junio de 2007
Tan, tan, tan. El garrote alzando están

Una persona razonable debería ser capaz de ponerse de acuerdo con otra persona razonable, suponiendo que existan en el mundo real no una, sino dos personas con semejante característica, sin tener que utilizar una piedra, amonal, la política penitenciaria o un palo para “apoyar” sus argumentos. Palos hay de muchos tipos; para persuadir, para disuadir, para meterlos en las ruedas, medir la espalda de Sancho, y, también, para acercar una rama de cerezo demasiado alta, fabricar una caña de pescar o rascarse la espalda donde no llegan las manos.
Una persona razonable admite cosas razonables; no se mata, no se tortura, cualquier postura es defendible, cualquier asesinato es un asesinato. Todas las personas, sin excepción de ningún tipo, lo permitan o no el tiempo y la autoridad competente, merecen ser tratadas como tales en toda circunstancia.
Razonar ayuda bastante a la hora de tener un pensamiento estructurado que rija nuestras acciones dando un criterio lógico a la deseable capacidad de elegir una entre varias opciones en cualquier cruce de caminos, base de nuestro margen, poco o mucho, de libertad (toma ya). Razonar es saludable, gratuito, no engorda y, de momento, no es ilegal (creo). Razonando, razonando, se llega al fuego, a la rueda, a la física cuántica, a la microcirugía, a inventar la imprenta, la fotografía, la máquina de vapor, el rap, la lavadora, el teléfono o el google.
Si descartamos la opción de la racionalidad, que no significa un votante una ración, ni tampoco el “razonas o te mato”, si desistimos del acuerdo o consenso entre razonables, entramos en el resbaladizo mundo de lo arbitrario o en el aún más pringoso de lo “militar”. Los militares no razonan, está en sus códigos. Su trabajo consiste en obedecer. Las “razones” no son su especialidad; ellos son el palo.
Militares los hay en el ejercito español, aunque parezca mentira, y también en eta, aunque parezca todavía más mentira. Ellos también son el palo. Se limitan a cumplir órdenes. Siempre según el prospecto del perfecto militar intercambiable entre no importa que ejércitos reales o inventados; recibir instrucciones y actuar.
El razonamiento y las militaradas son, habitualmente, no siempre, (grandola vila morena), excluyentes, aunque ambas puedan producir monstruos. A la diosa razón, producto tal deificación de una pulsión religiosa como cualquier otra, aunque menos dañina, le sienta el caqui exactamente como a una virgen santa bajo palio un kalashnikov engrasado y humeante. Quien emplea la violencia legitima la violencia del “otro”, a la vista del “otro”, no de un tercero imparcial, sea el “otro” gudari, guardia, soporte técnico, tenor lírico, farmacéutica, versolari o actor porno. Si las violencias se retroalimentan, como suele ocurrir, la espiral del absurdo nos lleva a Gaza, Kosovo, Darfur, Guantánamo o Bagdad.
Hace no tanto tiempo la palabra pasamontañas no se utilizaba, como tampoco se decía subsahariano, ni altermundialista, ni globalización. No era una época mejor, todo lo contrario, veníamos de donde veníamos.
Los verdugos podían ser apacibles funcionarios como Pepe Isbert, por lo menos en el cine, el garrote vil se mantenía en uso, en perfecto estado de revista y los pelotones de ejecución estaban “operativos”. El pasamontañas, que utilizan tanto los de eta como la guardia civil o la ertzaintza, entonces, por el parecido evidente a lo que usaban los matarifes, se llamaba verdugo o capuchón, imágenes que remitían siempre al patíbulo.
-Ponte el verdugo, hijo, que hace un día malo, malísimo.
Ahora una madre ve a su hijo salir de casa con un verdugo y se parapeta en el sofá con bandera blanca, gases lacrimógenos, un buen puñado de tranquilizantes y el último libro de FAQ sobre el Ulster.
También utiliza esta pequeña prenda el subcomandante Marcos, un revolucionario que pide perdón por las molestias. Mandar obedeciendo. Un tipo menos violento que la mayoría de los centrales de segunda B. Armado, si. Combatiente, también. Verdugo no, que se sepa. En el México bronco de hoy, como ocurría en la Barcelona anarcosindicalista enfrentada al pistolerismo de los años veinte, hay que cuidarse, buey, cuidado en el barrio, cuidado en la frontera. Al menor descuido te achicharran a tiros, como hicieron con el mismísimo Emiliano Zapata, el Noi del Sucre y tantos otros.
Durruti, y muchísimos más libertarios, tiraron de pistola en no pocas ocasiones, para escoltar manifestaciones, para expropiar fondos y, doloroso pero innegable, para asesinar enemigos. El discurso de García Oliver sobre el terrorismo junto a la tumba de Durruti es estremecedor. No lo llamaban lucha armada, ni movimiento de liberación, no buscaban eufemismos, se declaraban terroristas, pensaron en responder al terror con más terror. Abandonaron las organizaciones, conscientes de que aquello solo podía entenderse como algo personal, venganza, al margen de la militancia, y empezaron a disparar.
No tenía razón García Oliver, no vencieron como él dice. Ni aún en el caso de ese triunfo supuesto matar, asesinar, eliminar, a algún gobernador civil u obispo metido a represor, podría entenderse como logro social de ningún tipo ni como condición sine qua non de nada. Ellos lo consideraban justicia. En realidad era venganza. Fueron conscientes de ello más tarde. La venganza es comprensible. Pero ciega y por tanto injusta. Ciega como se representa a la justicia en las alegorías. La figura de “los justicieros” es el lado más oscuro de la militancia libertaria, las cloacas del anarquismo. El anarquismo es una idea de fraternidad. El terror no. No es lo mismo defenderse a tiros de una agresión a tiros que ejecutar a alguien indefenso. No es lo mismo torturar a un detenido que leerle sus derechos. Durruti, Ascaso, García Oliver y tantos otros, personajes de su tiempo, nos dieron muchas lecciones, en muchos frentes. El lado terrorista de aquellas personalidades poliédricas es el más desagradable para muchos a los que Abad de Santillán llamaría “anarquistas pusilánimes”. Viva la pusilanimidad, en este caso.
El enemigo, el estado, sin que esto sirva de justificación pero si de explicación, venía de practicar el terror a gran escala enviando carne de cañón a las guerritas de los imperios, asesinando en masa miles de jóvenes obligados a morir y matar en África, creando sindicatos de pistoleros, llenando las cárceles de presos políticos, fomentando a los paramilitares fascistas, reprimiendo salvajemente las movilizaciones obreras.
El terror era y es una constante en los estados como acabamos de ver en el caso de la muerte de un nigeriano custodiado por la policía, o en su momento el asalto a las alambradas de Ceuta y Melilla, las comisarías de los mossos o los cuartelillos del benemérito instituto. La capacidad de la Guardia Civil para producir terror está fuera de toda duda.
Azaña cuenta, autopromocionándose sin duda, como decidió no fusilar a los revolucionarios de Figols. Sus consejeros presionaban. Azaña decidió, según él, que alguna vez había que cortar con esa “manía” de fusilar gente. Casas viejas parece que le desmiente.
Acaba de morir Pons Prades uno de aquellos militantes históricos que vivió en su infancia los años turbulentos. Explica en alguno de sus libros como su padre, libertario, bibliotecario y pacifista, le decía a menudo que el mejor amigo del hombre era un libro. Su tío, también, libertario, añadía que la mejor compañera era una pistola. Es absurdo e inoperante a efectos prácticos de comprensión, juzgar el pasado con criterios del presente. Aún así el terrorismo anarquista lastró el anarquismo hasta nuestros días.
El terrorismo bien hecho, efectivo en sus propios principios, tiene como objetivo implantar el terror. La venganza busca otra cosa, cobrarse una afrenta, saldar cuentas.
El terror es un clima que se busca. Ha funcionado muchas veces, sigue funcionando. Ha fundado estados y los mantiene. Fundar lo que sea sobre el terror puede ser funcional, como demostró Franco sobreviviendo en el poder cuarenta años gracias a su práctica intensiva. Lo que no es, es razonable. Ni justo. Ni humano. Edificar sobre el terror es construir monstruos. Lo sabe todo el mundo.
Tan, tan, tan, el garrote alzando están, versificaba Valle Inclán, el literato visionario que hace a su más grande personaje, Max Estrella, solidarizarse con el anarquista preso al que confiesa la alegría de leer en los periódicos las muertes de empresarios bajo las balas revolucionarias. El mismo Valle que pedía una dictadura “como la de Lenin” y una guillotina eléctrica en la Plaza Mayor. El mismo Valle que hace ochenta años ejercía de profeta bajo la sensación del cloroformo:
-Yo auguro una era argentina de socialismo y cocaína.
En Euzkadi, o Euzkal herria, o lo que sea, algún día tendrán que reflexionar sobre los logros éticos o sociales de su terrorismo y acerca del tipo de estado que pretender fundar sobre charcos de sangre. A lo peor les sale uno como el de los reyes católicos.
Tan, tan, tan. El garrote alzando están.
Abel Ortiz
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viernes 8 de junio de 2007
Matar a Franco (de una puta vez)

Va siendo necesario, de una vez por todas, como medida de salud mental, quitarse del medio a “Cerillita”, aquel dictador “barriguitas” protagonista de las pesadillas españolas más recurrentes durante los años del hambre, el frío, los brazos en alto a la romana y la impunidad de los asesinos, tan asesinos como de Juana, por la gracia de dios.
Enrique González Duro, psiquiatra y sin embargo profesional creíble, nada que ver con Ibores y Nágeras, lleva tiempo estudiando la larga sombra del comandantín.
Las conclusiones son aterradoras. El espectro de Franquito pasea amenazante entre nosotros a poco que se sepa mirar y ver.
Contaba hace unos días González Duro un caso para temblar. Todo un aldabonazo, una alerta roja, una alarma (al arma) general. Un anciano, combatiente republicano durante la guerra civil, resistente contra Hitler en Francia, prisionero de Mathausen, sufrió, en fechas recientes, ataques de angustia y pánico. El doctor Duro diagnosticó un brote paranoico. La causa del suceso fueron las imágenes televisadas de los vociferantes asistentes a las manifestaciones patrióticas convocadas durante los últimos tiempos por el Partido Popular, la AVT y demás bandas unificables.
Alguien que ha sido testigo directo de los peores momentos del siglo veinte, que ha sobrevivido a los campos de exterminio, que podría olfatear un fascista disfrazado de demócrata a kilómetros, identifica, sin asomo de duda, a la patulea popular como “los mismos”. Son los mismos. Montalbán, que no era psiquiatra pero tenía ojo clínico, apuntaba: Lo peor que le puede pasar a un paranoico es que le persigan de verdad.
Efectivamente dicen lo mismo, actúan igual y tienen los mismos apellidos. La ficción, la impostura democrática, se mantiene por el milagroso encantamiento de algún mago cervantino. El video de Josep Anglada, explicando de manera chulesca la necesidad estratégica de mentir en público sobre sus verdaderas intenciones, matar moros, es solo la confirmación de que, se ponga el emperador como se ponga y por muchas voces que se sumen a la mentira convenida por pactos con pistola, el emperador está desnudo.
González Duro es demoledor con el rey, el cazador de osos borrachos, el taumaturgo de la transición. Cito textualmente al insigne científico: “que el rey Juan Carlos no haya depurado públicamente su pasado constituye un error histórico grave del que se hablará cuando pase el tiempo”. Se refiere, claro, a su inocultable pasado franquista y francófilo. El rey de los españoles jamás ha hecho en público crítica alguna de la dictadura ni del dictador. Lógico, por otra parte, aunque frustrante, tramposo y desolador. Una última cita del doctor: “El franquismo inoculado durante 40 años sólo se curará cuando podamos conocer el verdadero pasado histórico”. O sea que falta mucho para que nos curemos. O nos curen las brigadas del amanecer, de este o del otro lado de la raya.
La república intentó cerrar con doce llaves el sepulcro del Cid. No se pudo. Tal vez, al fin y al cabo, no sería mala idea dinamitar el valle de los caídos, la insignia del PP, ese insulto berroqueño a todo un país. Por si acaso. Metafóricamente hablando. O no.
Abel Ortiz
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viernes 1 de junio de 2007
Desmontando a Gallardón; Arde Madrid

Eduardo Haro Tecglen, probablemente el último madrileño, posiblemente el más grande periodista del siglo veinte en lengua castellana, aunque escueza, conocía muy bien a los Gallardones; Al abuelo, Víctor Ruiz Albeniz, el Tebib Arrumi, que compartió tienda de campaña en África con “Franquito”, al padre, José María Ruiz Gallardón, de la ejecutiva de Alianza Popular, (Fraga, Areilza, Osorio) y al ínclito alcalde, Alberto, con los que compartió amistad y ciudadanía durante años de república y guerra, decenios de franquismo, transiciones, monarquías, democracias, aznaridades y tamayazos. Con frecuencia escribía sobre su cariño por esa familia a pesar de la enorme distancia, social, vital y política, que los separó; opositores fraternales.
Profetizaba Haro, que ni era profeta ni solía fallar en sus cálculos, ante el nulo futuro electoral de los “cristofascistas” (Aguirres, Acebes, Orejas, Pujaltes y Astarloas) en su ansioso intento de “conquistar el estado”, un gallardonismo sin Gallardón, detestado por “los suyos”, gente pragmática al fin, como única forma viable, a la derecha del padre, para desalojar a Zapatero, el sindios, de la Moncloa y devolver la finca a sus herederos naturales; los Cabanillas, Arias Salgado, Luca de Tena, Fernández Cuesta, García Escudero, Lópeces varios, Suárez, Esteruelas, Utrera…
Estudiar hasta el bachiller en los jesuitas de Chamartín y Derecho en la San Pablo-CEU, propiedad de la asociación católica de propagandistas, antes de sacar unas oposiciones a fiscal y casarse con la hija de un secretario general del movimiento, no es un mal bagaje para alguien que solo pretende, humildemente, ser presidente del gobierno español sin que se le note. Dicen los ciberfachas en sus foros enloquecidos que Aznar, el cachondo, llama a Gallardón el mono: cuanto más trepa más se le ve el culo. El humor falangista es lo que tiene. La gracia en el mono.
Cuando en 1990 Albertito sugirió en el partido la expulsión de Eduardo “huevos de oro” Zaplana, grabado explicando como ganar mucha pasta en poco tiempo en el caso Naseiro (del que salió limpio el cartagenero no porque se demostrara su inocencia sino por que la grabación se consideró ilegal) se ganó enemigos muy molestos que no le perdonan aquel ataque a la financiación del partido y de sus notables. No se juega con las cosas de comer.
Sin embargo aquel episodio, por si solo, no parece suficiente para despertar los odios subsaharianos que los agrarios del partido popular rezuman cada vez que ven al alcalde. Algo más tendrá que haber.
El “cejas”, un pistolero falangista de los años treinta, fue asesinado durante las sacas de los primeros días de la guerra. El padre del “cejas”, Víctor Ruiz Albeniz, compareció en el juicio, ya con Franco en el Pardo, contra quienes habían matado a su hijo. Se negó a identificar a los culpables a pesar de reconocerlos. Al volver del juzgado se encontró con Haro y explicó:
-Mataron a mi hijo, y no quiero que maten a otra persona.
Extraños sentimientos en un hombre que llegó a ser abofeteado por un militar, durante la guerra, por exagerar en sus crónicas la valentía de los nacionales y la cobardía de los rojos, las victorias franquistas y las derrotas republicanas, la nula resistencia de las fuerzas del gobierno ante los sublevados. Todo escrito desde el Casino de Burgos, sin haber pisado un frente. Cuando al fin se decide, El Tebib, a acercarse a donde se escuchan los tiros, el frente de Madrid, sucede algo extraordinario, carpetovetónico, esperpéntico, que narra Haro en su libro “Arde Madrid”. Un episodio con una capacidad metafórica que llega hasta el nieto del protagonista, el hoy alcalde de Madrid, y nunca presidente del gobierno. Habla Haro Tecglen:
-“Ese día, desde el alcor desde el que se dominaba todo el oeste de Madrid, el Tebib miró por sus prismáticos y sintió una gran emoción: se veía su casita de la Dehesa de la Villa. Pidió que le dejaran ver por el telémetro que alcanzaba más; y lo comento:
-Mire, mire, mi general…Es mi casita de la Dehesa de la Villa…
El general - el que fuera, uno de ellos- miró y comprobó:
-La tienes bien enfocada Tebib…
Corrigió un poco, midió las milésimas artilleras, tomo las coordenadas y mandó disparar:
-¡A volar la casita del Tebib¡
La destruyeron. Se reían a carcajadas: les parecía una buena broma, una cosa graciosísima. No era nada personal.”
Hace setenta años Gallardón, que no había nacido, ya tenía enemigos entre los suyos. Eso sí, eran muy graciosos. Ya lo decía Gila: el que no sepa aguantar una broma que se vaya del pueblo…….
Abel Ortiz
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lunes 7 de mayo de 2007
“Café Americain”

Rick, de nacionalidad borracho, presenta un excelente tono físico para ser nonagenario.
Tiene algunos achaques menores, se queja poco, le pega al sintrón. Camina tambaleante todos los días, temprano, tres kilómetros, con la perra, vagabundeando entre clónicos edificios antipersonales, cámaras de la policía, espléndidos gatos arrabaleros, rotondas art decó, árboles de camuflaje. Hace muchos años pasó del guiski al orujo helado, según él, más distanciador. El hígado lo perdió, entre Bora Bora y Helsinki, durante no recuerda muy bien qué momento de la guerra fría.
En la residencia de Clichy-sous-Bois, a escasos quince kilómetros de París, ha cenado esta noche negra una “harira” antes de salir a toser tabaco sin filtro en el paseo de los plátanos. Llegan los ecos de la ciudad, la Concordia, la Bastilla. Un avión sobrevuela el geriátrico. Anselmo Puig, compañero de quimioterapias pasadas, vecino de habitación, conoció a Rick en el puerto de La Vila Joiosa, en marzo de 1939, asaltando, pistola en mano, una barcaza con la que poner rumbo a Orán y escapar de las tropas italianas, los falangistas, los legionarios. Franco.
Buscando las aguas, Rick, llegó al desierto. Le informaron mal. Anselmo se ríe. El también estaba mal informado. Puesto primero en cuarentena por el ejercito francés, interno después en un campo de trabajo, le obligaron a redimir sus penas de rojo español construyendo un absurdo proyecto, inacabado e inacabable, que costó muchas vidas: el “Transahariano”.
Tras la “resistence”, llegó, para algunos, la “liberatión”. Cayó Berlín y el mundo, no todo, respiró. La vie en rose.
Rick tiene visto mucho desde que salió de su barrio neoyorquino, en la época del cine mudo, hasta llegar a la banlieue de París en tiempos de “googles” y “youtubes”. Eso no quita para que siga siendo un tipo impresionable. Ver durante la sopa las pantallas de la televisión no fue buena idea. Sacó un gesto viejo, pétreo, de indiferencia. Una careta. Anselmo no se cree la ficción. Sabe que, como él, Rick no ha podido reprimir una sombra de fastidio al ver al nuevo presidente de la republique.
Cantan “la marseillaise” los seguidores de Sarkozy en la Concordia. Rick se concentra en el agua que ha pasado bajo los puentes desde Petain y De Gaulle.
Anselmo canturrea divertido ejerciendo de mosca cojonera: Negras tormentas agitan los aires, nubes oscuras nos impiden ver…..
Los chavales del barrio, para disgusto de la policía, forman grumos. Arde un coche. Gases lacrimógenos. En Lyón, en Tolouse, en Nantes, en Marsella o en Reims se suceden los incidentes esta noche. En la Bastilla hay banderas negras. Huele a gasolina quemada. Huele a barricada. Huele a resistence.
Rick silba, con resonancia de dentadura postiza, “el tiempo pasará”. No se consuela. No le queda mucho. Morirá con Sarkó en la presidencia de la republique. Anselmo también. Que puta mierda.
Abel Ortiz
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lunes 30 de abril de 2007
Mayo francés; la pesadilla de Sarkó

En 1968 la primavera de París explotó sorpresivamente insurrecta y, sobre todo, profundamente libertaria. Lo que pasó, siendo ministro de cultura André Malraux, aviador republicano en la guerra civil española, está en las bibliotecas. Casi cuarenta años después, la coincidencia de amplísimos sectores, incluso opuestos, en denunciar aquella revolución como causante de los males que nos asolan demuestra que la propaganda por el aburrimiento repetitivo es eficaz.
La derecha más curil, la que piensa otra vez en canonizar “mártires de la cruzada”, ha repetido hasta la nausea sartriana las consignas contra aquella explosión de la imaginación. No soportan la herencia, mundial, de aquellos días, no soportan un estado laico, ni un país de tradición revolucionaria, no aguantan la antipsiquiatría, ni eso que el papa inmóvil de las SS llama relativismo. Les molestan las canciones de Leo Ferré o Brassens, la educación antiautoritaria, las libertades individuales. Quieren, ahora, lo ha explicado Sarkozy en campaña, que los niños en las escuelas se levanten al entrar el profesor, que la policía se emplee a fondo en los barrios, que las condenas aumenten. Vieja mercancía, lo de siempre; mano dura, moral, disciplina, sacrificio, esfuerzo, fe.
Quieren, lo han hecho durante siglos, aunque lo nieguen, pegar a los niños insumisos disfrazándolo de “por tu bien”, como hacen en la envidiada Inglaterra.
Para que aprendan. Para que sepan muy bien quien manda. Nostalgia de aquellas soberbias hostias a mano abierta que nos daban los maestros franquistas (mala polilla les roa el culo) por “salvajes”.
Aquellos que no están de acuerdo con semejante barbaridad, quienes piensan que el autoritarismo solo es otra cara de la estupidez y la incompetencia, son hijos del 68, chusma, rojos, anarquistas. Lo peor. Los culpables de la ola de violencia que invade los colegios. Los culpables, sin duda, de Columbine, de las matanzas, ya habituales, en los campus de las modernísimas e irreprochables universidades estadounidenses, refractarias a todo lo francés, congénitamente inmunes a lo “sesentayochista”.
Para muchas personas, también en la izquierda, incluso extrema, el mayo francés es algo despreciable: una fiesta de hippies, un pronunciamiento pequeño burgués, el delirio de los odiosos progres. Ante coincidencias de ese tipo entre enemigos irreconciliables que encuentran un objetivo común Haro Tecglen solía escribir, para resaltar lo sospechoso de tales consensos, un expresivo nombre propio: ¡Moriarty¡
Aznar y Sarkozy, entre muchos otros cafres de distintas “sensibilidades”, tienen en el mayo del 68 su particular obsesión, su muñeco de vudú, su “explicatodo” de cabecera.
La libertad siempre es culpable a los ojos de individuos capaces de hacer chistes sobre la destrucción de un país o de llamar “chusma” a la población más pobre.
Junto a Sarkozy desfila por la pasarela del cretinismo André Glucksmann, un supuesto pensador que también odia las primaveras y pide el voto para el Aznar francés. Ya se sabe que los conversos son los peores. Este anti-todo lo que huela a mayo era, en 1968, nada menos que maoísta. En España también había maoístas en aquellos tiempos.
Hoy están en la extrema derecha o en la emisora del infierno explicándonos a todos las maldades de aquel “libertinaje”.
Ahora, como maniobra electoral, pretende ser, Nicolás el justiciero, el enterrador del 68, el sepulturero de lo libertario. Patina, y más que va a patinar. En Francia los anarquistas no solo existen, sino que crecen en una envidiable buena salud. Estudiar los últimos resultados electorales, sin los anteojos trucados, puede que nos de claves que no estamos acostumbrados a valorar.
En la elección anterior, cuando el “lepenazo” se cargó el gobierno de Jospín, la gauche plurielle de las 35 horas, la abstención fue altísima. Nadie habló de anarquistas. Ahora, con una participación del 80 por ciento, tampoco. No existen. Le Monde Libertaire, de venta en los kioscos, deben comprarlo ectoplasmas sin cuerpo físico. Los sindicatos anarquistas, incluidas dos CNT, están formados por espíritus volubles sin contorno visible. Los cientos de colectivos y agrupaciones libertarias solo habitan las enfebrecidas imaginaciones de los malditos sesentayochistas.
Razonemos, solo un poco, para no cansar. Si el espectro electoral abarca desde varias extremas derechas, hasta distintos grupos de troskistas, pasando por un abanico de posibilidades bastante surtido, no veo yo como interpretar el veinte por ciento de abstención sin pensar que una parte, aunque sea pequeña, es libertaria. Nadie lo menciona. Por algo será. En cambio nos repiten constantemente los porcentajes de partidos que no llegan al tres por ciento, incluido el en otros tiempos poderosísimo partido comunista francés, la candidatura de Bové, o la de Arlette Laguiller y su Lucha Obrera.
Sarkozy quiere enterrar el mayo francés. No creo que se deje. A lo mejor este mayo lo entierra a él, como hizo con Aznar un marzo ventoso. A Jose Mari y Sarkó, esa extraña pareja, no les gusta el 68. Siempre pueden probar el 69. Que lo disfruten con salud.
Abel Ortiz
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miércoles 25 de abril de 2007
Contrainformación: “Ninismo” en la red

El “ninismo”, una parafilosofía en boga diagnosticada por Juan Cueto, consiste en el aprovechamiento de la equidistancia para sacar rentabilidad, política o no, a la siguiente trinchera mental; Ni esto, ni lo otro. Esta moda, el tradicionalísimo no mojarse ni en el mar, sirve para casi todo. Se utilizó hasta el aburrimiento con respecto a la guerra civil y aquellos latiguillos habituales sirvieron a muchos como justificación para sus actitudes, (“Todos son iguales”, “los dos bandos hicieron atrocidades”, y otras coplas de letra parecida), o simplemente para conciliar el sueño con la conciencia debidamente anestesiada.
Por extensión el “ninismo” llega ya a cualquier asunto y existen cerebros preparados para medir la equidistancia con una exactitud pasmosa. Sin embargo, a pesar de que el “ninismo” es, normalmente, cobarde y mentiroso, otras veces puede ser inevitable.
O casi.
Para los que no sigan los medios llamados de “contrainformación” explico, someramente, la cuestión planteada: Nodo 50 y La Haine, dos páginas web de contenido muy similar, con leves variantes, (algunos matarían a su madre por esas “leves” diferencias) se tiran, públicamente y utilizando para ello una tercera página también parecida, Kaos en la red, los trastos a la cabeza. Abundan las definiciones insultantes más previsibles en ambas direcciones: sectarios, autoritarios, socialdemócratas, estalinistas, y por ahí. La excusa, el “macguffin”, que diría Don Alfredo el de “Los pájaros”, es bastante absurda. Unos dicen que les insultan y les hacen caricaturas, otros dicen que les censuran y amenazan: Ninismo.
Aparte del tufo infantiloide de la polémica y su nula trascendencia real para los lectores de esos medios, descontando las pequeñas incomodidades técnicas por el cambio de servidor al que se ve abocado La Haine, el espectáculo es más que triste.
El incidente no tendría el más mínimo interés para nadie sino fuera por una importante circunstancia; si desaparecieran esas páginas habría que volver a hacerlas. Las dos.
Lo que se llama “contrainformación” en la red es un fenómeno relativamente nuevo y como tal presenta, junto a sus bondades evidentes, lagunas, incluso océanos, titubeos, errores, confusiones, fallos, o, directamente, cagadas.
Es decir caos, o kaos, esa “sustancia” normalmente tan nutritiva.
Los medios citados parten, o deberían partir, de un presupuesto que los diferencia de un canal informativo digamos “normal”: considerar a sus lectores personas inteligentes en vez de clientes satisfechos. Esos lectores inteligentes, que entienden lo que leen, son capaces de aceptar la especial idiosincrasia de tales páginas en cuanto a su funcionamiento, financiación, desarrollo y demás, para, a partir de ahí, discriminar la información entre la que consideren creíble y fiable y la que consideren “spam” o propaganda más o menos velada.
Existe solo un puñado de webs que se dediquen a esto. Hacen falta muchas más.
Quizá todo sea una gran tontería y estemos perdiendo el tiempo. No lo creo, algunos hasta se jugaron la vida por colaborar en páginas de contrainformación. Y la perdieron.
Por eso La Haine y Nodo 50 tienen que seguir su trabajo que, mejor o peor hecho, es lo que hay. Involucrar nombres propios en la “reyerta” es vomitivo. Esas páginas no son de nadie. Y si lo son están muertas.
Abel Ortiz
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sábado 24 de marzo de 2007
Micrófonos, guerracivilismo y el papa santo de Roma

El amigo Ratzinger, con cargo importante en la empresa Dioses S.A, es el diseñador último de esta nueva “opa” de contrarreforma paleocristiana, disfrazada de Mickey Mouse, que pretende atenazar Europa y devolverla a los tiempos de cátaros y albigenses; El gobierno mariano de Polonia y la Alemania reconvertida al sector energético, maniobran por el norte, la España eterna, coceando, intenta fajarse por el sur.
La clave, por el contrario, como casi siempre, está en el hexágono francés, con amenazantes elecciones inminentes, y en Inglaterra, la vieja raposa avarienta a decir de León Felipe. Malos vientos.
Los curitas trabucaires se ponen bravos. Viejos reflejos del requeté navarro. Banderolas y chunda-chunda. Las vestiduras de rasgar.
¡Ciudadanos la patria está en peligro¡¡España, España, España¡. La asociación de amigos de los paredones, sector clásico, quieren una oportunidad para limpiar España de antiespañoles. El españolímetro de bolsillo que manejan los homínido agrarios del partido popular, antes falange española tradicionalista y de las juntas de ofensiva nacional sindicalista, se fabricó en los años treinta al ritmo alegre de la paz. La paz que lleva a Auschwitz.
Quienes son tan misericordiosos con los pedófilos de cristo, convictos y confesos, claman por la justicia de la horca en Irak, el judeocristiano ojo por ojo en Euzkadi, el “Zapatero vete con tu abuelo” en el estado español, que no España, monopolizada la marca registrada por los dueños de la finca.
Cada vez que la espada y la cruz se cruzan corre abundante sangre inocente. Luego pasan los años y los libros de historia, escritos por los matarifes, convierten lo blanco en negro. Los aznáridos todavía mantienen, setenta años después, que Gernika fue volada por mineros asturianos. Manuel Aznar, biógrafo de Franquito, ancestro del acomplejado Jose Mari de Quintanilla, escribió , y nunca reconoció su monumental mentira, una versión de la masacre a gusto de los cruzados nacionalistas. Que existieran testigos del bombardeo de la aviación nazi, periodistas “in situ” que contaron lo que vieron, pruebas irrefutables de que la legión cóndor era responsable, no sirvió para cambiar una versión oficial construida para servir a la propaganda franquista. Igual que en el 11-M.
Las nuevas tecnologías, militares, permiten una inmediatez en la transmisión de información que imposibilita las versiones únicas. La situación hoy, menos mal, se parece muy poco a la de hace tres cuartos de siglo. Las salas de banderas ya no son lo que eran. Dependen más de una orden de Bruselas o de Washington que de los viriles colgajos de un Millán Astray, cerillita del Ferrol o Queipo de Llano.
Sin embargo, igual que la figura amenazante del emperador Churchill inventaba la hipócrita “no intervención”, o el pánico del Frente popular francés de León Blum paralizaba Francia ante Hitler, maniatando a la república española, la situación de hoy puede ponernos en manos de un Sarkozy imprevisible, cada vez más Petainista, o los enjuagues Merkel-Blair-Putin. Que pesadilla.
Monterroso lo explicó mucho mejor y más breve: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Abel Ortiz
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domingo 18 de marzo de 2007
Mercadona; las “ligerezas” de “El País”

En las páginas salmonete de “el país” dominical, negocios, aparece, con entradilla en portada y plana entera en la página ocho, sin que esté señalado como publicidad y firmado por Miguel Olivares, un artículo titulado: Mercadona, una máquina engrasada.
Con un despliegue de números y datos debidamente “sofritos” se presenta la imagen de una empresa floreciente que ha llegado al “éxito”, a la cuadratura del círculo.
Se habla de expansiones, reparto entre trabajadores, beneficios sin fin, “permisos” por maternidad a cargo de la empresa, “reducir al máximo el esfuerzo físico”, “turnos continuos”, “primas a todos”. Para que luego venga el ex filósofo y ex casi todo, Gustavo Bueno, a hablar de “pensamiento Alicia”. Resumiendo: Ni una sola alusión al conflicto con la CNT.
La confederación lleva un año en la calle, en decenas de ciudades, en centenares de actos, con la ayuda de miles de personas realmente existentes, aunque invisibles para el periodista, apoyando una huelga histórica que empezaron un puñado de trabajadores contra el gigante de la alimentación. Ni una sola mención a las sentencias firmes contra la empresa por acoso laboral o falsas acusaciones de robo. Ni una palabra sobre las trabas a la acción sindical. Nada sobre palizas a huelguistas. Nada sobre las obstrucciones de la empresa a las inspecciones de trabajo. Nada.
No es de extrañar, siempre lo ha hecho, que el diario “el país” omita toda información referente a la CNT, en un ninguneo que retrata sus posiciones, salvo que esta pueda servir para desprestigiar al anarcosindicalismo presente, pasado o futuro.
Cercana esa “ligereza indigna de el País”, como la calificó Carmen Bueno en un alarde de educación, cometida en sus columnas por Antonio Elorza respecto al periódico “La Tierra”, (publicado en el primer lustro de los años treinta, próximo al republicanismo federal y a lo libertario) este despliegue publicitario gratuito que PRISA le regala a MERCADONA es insultante. La campaña de boicot emprendida por el sindicato se encuentra con la oposición del periódico más vendido.
Es cierto, de eso vive, que si el País maniobra sospechosamente en la oscuridad de la galaxia buscando la fuerza del centro, el resto de periódicos son, directamente y cara al sol, propaganda nacional católica. En el nuevo mundo que se aproxima, el paraíso de los sinófilos, Mercadona tiene un lugar bajo el sol. La CNT, el anarcosindicalismo, los anarquistas, la ayuda mutua, la acción directa, el amor libre, el internacionalismo, no lo tienen. El futuro no pasa por las luchas sociales, las reivindicaciones, las realizaciones, evidentes hoy, de las utopías de ayer. El porvenir son las páginas salmón de “El País” elogiando a Mercadona, Nike, Coca Cola, Delphi o Forum Filatélico.
La información económica es, posiblemente, la más importante. Seguir el rastro del dinero suele ser una buena opción para entender la realidad de nuestros días.
Según esas páginas la CNT no existe. No existe la huelga. Solo existen los Roig.
Solo existen las cuentas de resultados, los gráficos, las ofertas en los fideos.
Cuando PRISA y MERCADONA se den cuenta de su error será demasiado tarde.
Abel Ortiz
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miércoles 7 de marzo de 2007
De caminos, guías y gurús

La infalibilidad, esa rarísima facultad de acertar siempre, ha sido un valor seguro en ámbitos y momentos de lo más dispar. Infalibles han sido, según ellos, algunos, según otros, los otros, todos los papas, de Roma y Avignon, la mayor parte de los filósofos alemanes y austrohúngaros, determinadas monjas de Ávila, Groucho Marx, Margaret Tatcher, Romario, Mao Tse Tung, Charlie Parker, Edith Piaf, Batman y poco más.
El no equivocarse nunca está a la altura de un despreciable número de mortales y solo de algunos inmortales. ¿Cómo lo consiguen? fácil. Tienen el folleto ilustrado de un cursillo multimedia escrito por algún genio del marketing: Haga como yo. Sea perfecto en quince días, o en quince reencarnaciones, y alcance la felicidad interminable.
Ser infalible, o sublime sin interrupción como decía Baudelaire y citaba Umbral del Desierto en su columna, tres veces por semana, cuando iba de enfant terrible, es una tarea ingrata a menudo no reconocida ni siquiera con un premio príncipe de Asturias o algún doctorado “honoris causa” en Georgetown. Reconozcámoslo aun regodeándonos en nuestra mediocridad: ser infalible es muy difícil.
A pesar de millones de pruebas, algunas incontrovertibles, en contra de su existencia, la infalibilidad se sigue vendiendo en el mercado de las ideas como material en uso.
Ratzinger, el PCUS, el dalai Lama, el opus dei, la CIA o la mesa nacional de Herri Batasuna, instalados en la certeza absoluta, usaron o usan su infalibilidad para enseñarnos los caminos de la verdad. Los caminos siempre han existido; para ir al pueblo de al lado, para ser uno con el cosmos, conocerse a si mismo, hablar con los difuntos, alcanzar sabidurías perfectas, cuerpos perfectos o, hay gente para todo, llegar a dios, ni más ni menos.
En todas las culturas “el camino” aparece como idea de superación, como vía hacía privilegios vedados para los no iniciados que vagan indefensos por las sombras exteriores. El Tao chino es un camino en el concepto y en su traducción literal. El texto clave de Escrivá de Balaguer, precedente de los libros de autoayuda que inundan los centros comerciales, guía obligatoria para las torturadas almas de los miembros del opus dei, se llama, como no podía ser de otra manera, “camino”. “En el camino” nos ponía Jack Kerouac como ruta “sine qua non” hacia la realización personal al estilo beatnick.
“El camino” era la única salida del pueblo para Daniel el mochuelo y los otros personajes que Delibes utiliza en su novela más conocida y claustrofóbica.
“Camino neocatecumenal” se llaman a si mismos los Kikos, una variante del integrismo católico radical patrio de lo más exaltada. Hay miles de "caminos" en la historia, en la literatura, en la magia, en la religión o en la vida de cualquiera. Siempre hay, además, alguien desinteresado dispuesto a enseñarnos el correcto, el único, el verdadero, el infalible.
Todos los caminos pues, como vemos (menos el de Santiago que, pásmense, acaba en Santiago o el caminito tanguero que el tiempo ha borrado) llevan a Roma, o en su defecto a la infalibilidad, que viene a ser lo mismo.
Todo el mundo quiere tener, o tiene, un camino, una hoja de ruta, un atajo milagroso.
Siguiendo convenientemente el libro de instrucciones el éxito está asegurado: La vida eterna, la sabiduría completa, la revolución definitiva, el nirvana, el sexo tántrico, el aura verde fosforito o la unidad de la patria, firmes, arrr.
Hubo una vez un señor de Sevilla que reflexionó sobre esto en su huerto claro donde maduraba el limonero. Alguien que era, en el buen sentido de la palabra, bueno. Alguien que el único camino que conoció en su vida fue el del exilio. Sus versos son cultura popular. Todos conocen su advertencia a los caminantes. No era casual, ni estética, ni retórica. Los caminos no existen. Los guías suelen ser estafadores cuando no algo peor. Lo que si existe, casi seguro, es el mar. Y las estelas.
Abel Ortiz
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jueves 22 de febrero de 2007
Ser o no ser, esa es la confusión

Al lío. Parece ser que la ocupación de los resortes del poder por los golpistas de centro sigue su curso cumpliendo un plan trazado o, como se dice ahora bajo el peligroso influjo de los marines, una hoja de ruta. En el batiburrillo de la bronca diaria, eso que Miguel Ángel Aguilar llama “la tamborrada”, perdemos de vista lo fundamental: el trabajo callado, laborioso y abnegado, de los miles de peones “blancos” que toman posiciones por lo que pueda pasar. La bala que te mata es la que no oyes.
En la calle el “calabobos” es incesante. El juego de la confusión preludia tiempos difíciles. Si se falsifica el presente a la vista de todos, con la evidente intención de condicionar el futuro y ocultar el pasado, nos instalamos, debidamente empujados por “los sublevados”, en la mentira, en el absurdo.
Parapetados tras la tamborrada de Goebbels, los nuevos nazis se disfrazan, se infiltran, se camuflan. Todo vale; desde Buda a “Los Ramones”. Que el nazismo es peligroso por su transversalidad, por su capacidad para penetrar todas las clases sociales, es sabido desde mucho antes de Mathausen. Lo que está menos explicado es el porqué.
Identificar los modos de comportamiento de quienes se preparan una trinchera con la intención de disparar, llegado el momento, a quienes son de otra raza, otra opción sexual u otro credo, sea religioso o político, empieza a ser acuciante.
El viejo grito de “armas para el pueblo” exige la revisión de dos conceptos: armas y pueblo. Las armas no son ya, como parece fácil de entender para cualquiera, los naranjeros, ni los máuseres, los AK 47 o los kalashnikov. El arma necesaria hoy, como siempre, sigue siendo la inteligencia colectiva, la capacidad de comprender quien somos, donde estamos y a donde vamos. El “pueblo”, viejo sujeto histórico de cambio, se defiende siempre, como gato acorralado, de las “jugadas” de las clases dirigentes. Desarmado es vulnerable; aquellos que pretender ir contra los intereses colectivos, claros y transparentes, perfectamente identificables, en beneficio propio, mezclan deliberadamente los lenguajes, los códigos, los mensajes. El resultado es el río revuelto.
Cuando se cansen los de los tambores volverá el silencio. Son capaces de todo. Acojonan bastante. Llenaron las tapias de sangre y vociferan.
Ya contestaba por nosotros adecuadamente a sus necedades, el superhéroe máximo de nuestra educación sentimental, un trasunto de inteligencia colectiva de mínimos, Don Quijote:
-Yo se quien soy
No todos pueden decir lo mismo.
Abel Ortiz
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domingo 11 de febrero de 2007
Eduardo al rojo vivo

En el mundo fascistizado que se resiste a desaparecer, existen, todavía “cotos vedados”, cortijos de poder, o, como se designaba más gráficamente en la transición, bunkers.
Son zonas oscuras de impunidad para irreductibles; aquello que en los juegos infantiles se llamaba “casa”, y que las iglesias, de todo tipo, marcaron como “lugar sagrado” para hurtarlo a las leyes de los hombres.
En esas “casas” se considera que el tiempo y la historia discurren fuera, extramuros, pero permanecen estáticos, embalsamados, dentro. Por eso Zaplana, como guayaba madura, recurre, ante su inminente desplome, a pegar alaridos del tipo: ¡A mi la legión¡ el último grito en viajes al centro que promociona faes, ese corpúsculo de intelectuales selectos al servicio de la preclara inteligencia de Jose Mari, ex líder cósmico, hijo predilecto de Quintanilla de Onésimo.
Eduardo Zaplana empieza recordar a James Cagney en “al rojo vivo”. Rodeado por la policía, subido en una cisterna de gasolina, chilla histérico a todo pulmón:
-¡Mira mamá¡ ¡¡estoy en la cima del mundo¡¡
Es el final de la película. Todas tienen uno. Incluso la cope desaparecerá algún día, más pronto que tarde. Se saldrán del dial por la derecha y solo se les escuchará en el inframundo, con un aparato especial aprobado por el constitucional.
Mariano Rajoy hará los deportes, con Sánchez Dragó, y se meterá mucho con Oleguer por politizar el fútbol. O, O, Oleguer.
Acebes dará el tiempo contenidamente indignado, insultando a los elementos; habrá siempre tifones, huracanes, tormentas, riadas y sequías a la vez. Esperancita puede que presente un magazín de variedades explicando a los usuarios de palacios las recetas más económicas para llegar a fin de mes o como ser aristócrata y presidenta tras un fraude de dimensiones autonómicas. Jose Mari y Ana, conectando en directo desde Georgetown, leerán a dos voces el rosario en latín, inglés, italiano y austrohúngaro. Será una pena no poder escuchar semejante programación.
Lo cierto es que más allá de la extrema derecha, Kelme, mercadona, Alcaraz, Fabra y tal, está la cuarta dimensión. Lo desconocido. El abismo. Hacía allí nos intentan llevar como pueden los que pretender salvar el culo rompiendo la baraja. Solo que aquí jugamos todos. Así que sin empujar. Si el nuevo bajista de justicia afina bien, la orquesta va a sonar. Todos al baile:
Zaplana, Zaplanita, Zaplariruri, Zaplana, Zaplanita, Zaplarirurá.
Abel Ortiz
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domingo 28 de enero de 2007
Poterea borrokatu

Hace algunos años, entre bastantes y muchos, sin exagerar, actuaron en el polideportivo “La Casilla” de Bilbo, o Bilbao, nunca Bilbado como decía cerillita del Ferrol en otro alarde más de cretinismo, una extraña pareja ultramarina. Se llamaban “Public Enemy”.
Herederos intelectuales del “black power” más combativo formaron un alboroto tremendo en los EEUU con sus textos y su actitud; el amalgama complicado de Martin Luther King y Malcom X.
Spike Lee, referente inexcusable de la cultura afroamericana contemporánea, eligió en una de sus películas, Do the right Thing, haz lo que debas, imperativo categórico, a los Public Enemy, no enema como insiste en corregir el listillo del office, como parte de la banda sonora.
En el Harlem tórrido de un verano sofocante se escucha repetidamente un motivo: Fight the power, combate el poder. Ese grito peleón se escuchó en los más dispares lugares del planeta. Detrás estaban Coltrane, Chester Himes, Billie Hollyday, Joe Louis, Michael Jordan o Sydney Poitier.
Los chicos de los barrios de New York, Detroit o Los Ángeles, no estaban dispuestos a que les pisaran las flamantes zapatillas nuevas ni a que la policía entrara en sus calles con la soberbia de un ejército de ocupación, como si el Bronx fuera el Ulster. Tampoco consideraban como gestos amistosos por parte del estado que se apaleara hasta la muerte a Rodney King y a otros miles de afroamericanos por el solo hecho de ser negros.
El rap, como el swing, el blues, el funky o el jazz, es muy contagioso. En aquel combate contra el poder se embarcaron piratas de todas las cataduras. Objetivo; fight the power. La pintura era nueva pero el galeón antiguo. Es difícil resumir mejor el ideal libertario; la idea. Combate el poder.
Casi todos los “ismos” políticos definen una “ideología”. Sánchez Ferlosio explicaba en un artículo antiguo como las ideologías son estuches, paquetes de ideas, que tienes que comprar en su conjunto. No puedes elegir; esta si o esta no, como si fuera una cata de pirulas. Te llevas todas.
El anarquismo no es una ideología aunque muchos no lo tengan claro. Los antiguos propagandistas, los primeros ácratas, proclamaban la bondad de “la idea”. Una sola: el concepto de “poder”. Cual es su naturaleza, cuales son sus formas, cuales son sus características. Es decir: Fight the power en Harlem o, como teorizaba elevando el tono poético un punki de la tres mil viviendas, Sevilla, viva la debilidad.
La debilidad de las víctimas es siempre la otra cara del poder. Víctimas de la policía de New York, victimas de la tortura, de un psicópata, de una ideología e incluso de una idea grande o pequeña.
Victimas y poder; en la pareja, en la familia, en el barrio, en el trabajo, en el estado.
La noche en el polideportivo empezó mal. Los Public Enemy aparecieron en escena y la ovación consecuente fue acallada por el latigazo de los altavoces. La primera frase de la pareja al auditorio fue: Buenas noches, España. Para que queremos más. Silbidos. Abucheos. Ni fight the power ni nada. A juicio del respetable lo correcto hubiera sido un sencillo: gabon Euzkadi. Los artistas se miraron incrédulos. ¿Qué habían hecho mal?
El tipo del reloj enorme se acercó al micro y, in english, sure man, dijo: ¿porqué no hay negros hoy aquí, entre miles de personas, si este país está tan cerca de África?....Fight, fight, fight the power. O, en euzkera, poterea borrokatu. Combate el poder. Pero todo.
El que mata afroamericanos, el que mata vascos, palestinos e irlandeses o el que mata ecuatorianos. Fight the power.
Abel Ortiz
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sábado 13 de enero de 2007
Papada de Obispo con salsa polonesa

Había una vez un país católico en el que gobernaba una dictadura. En todos los estamentos de la iglesia, el estado encontró colaboradores, más o menos voluntarios, de la policía política: delatores, informadores, vulgares chotas. Obispos, curas, monjas y seminaristas, no tuvieron inconveniente en prestar sus oídos a cosas bien materiales, casi materialistas, aparentemente ajenas a su ministerio, para tener informado al poder. De eso hace algunos años. El vaticano anuncia ahora que, puesto que ningún tribunal civil puede juzgar a un obispo, u otro pez gordo del cotarro de sotanas, van a juzgar ellos, por la gracia de dios, amén.
De momento han abierto una comisión que verificará el pasado de todos los obispos.
Es curioso que un papa alemán con una juventud tan sospechosa recurra a la caza de brujas, en desuso pensábamos, en su propio chiringuito. Falta saber también si el santo padre, tan apegado a los métodos probados durante siglos y a la misa en latín, pondrá a los sospechosos “a cuestión”.
Claro está que eso no pasa en nuestro país, eso es en Polonia que son unos bárbaros.
En nuestro país ni hubo dictadura, ni la iglesia colaboró con la represión, ni hubo obispos mezclados con el régimen, a dios pongo por testigo.
La iglesia en nuestro país, como todo el mundo sabe, se comportó de modo ejemplar.
Hacían desinteresadamente certificados de buena conducta, educaban en modernos colegios a los hijos de los perdedores y perdonaban indulgentemente los pecados a cambio de un modesto donativo o una penitencia; quien da lo que tiene no está obligado a más. Queridos hermanos. Lo hacían, sin duda, por nuestro bien. Tenían que velar por la salud de nuestras médulas, se preocupaban por nuestra vista, nuestro peinado.
Que derroche de amor. Que pena los polacos; todos los curas malos se fueron para allá. Aquí quedaron solo los buenos.
Con V de Vaticano, la venganza del papa, ha llegado a las pantallas de Varsovia, Poznan, Cracovia, Czestochowa. Santos lugares por los que campeó el maligno disfrazado de burócrata comunista.
En aquel pobre país en el que los religiosos se entregaron al chivateo existe, oh milagro, una emisora, radio María, que vela ardorosamente por los derechos inalienables de los buenos católicos y de los buenos polacos, que vienen a ser lo mismo, con una espada flamígera en cada mano. Ha sido Premio Látigo de izquierdistas en el 2005, ganadora del trofeo martillo de herejes sub-81 y no sé cuantos trofeos más.
En el solar ibérico en cambio las emisoras de los obispos son discretas, moderadas, modernas, dinámicas. Que diferencia. Por eso aquí no perseguimos a los obispos que colaboraron con la dictadura. Es de muy mal gusto, entre la gente de orden, perseguir religiosos si no es con el cirio en la mano o cantando una saeta.
Pobres polacos, lo que se están perdiendo, con lo buenos que son los hermanos agustinos. Ite, missa est.
Abel Ortiz
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martes 2 de enero de 2007
Vascofalangistas

ETA, el totem macabro más asesino de los últimos cuarenta años, tomando el relevo histórico a las escuadras de requetés, carlistones y falangistas, ha vuelto a su relación de privilegio con los sectores más nazis de la sociedad española, alborozados tras el atentado y la posibilidad de salir del pozo en el que ellos mismos se habían enterrado.
De Juana Chaos e Inestrillas; dos caras, la misma moneda.
Los fascistas españoles y los fascistas vascos, alegres y desprejuiciados, impasible el ademán, coinciden en los recovecos insondables del camino a ninguna parte y no tienen el menor reparo en asesinar ecuatorianos o lo que haga falta.
La transformación lenta y progresiva de ETA ha llegado a su fin. Ya son vascofalangistas.
Cuando ETA se opuso al franquismo, con las armas en la mano, asesinando torturadores junto a enemigos políticos o gentes inocentes que "pasaban por allí", una parte considerable de la sociedad vasca, incluso española, respaldó las aspiraciones de aquellos primigenios "libertadores", gudaris, resistentes organizados al nacional catolicismo que llenó el país de fosas comunes, procesos, carceles y cunetas tenebrosas.
Leopoldo Maria Panero, el lúcido poeta que estuvo años internado en el psiquiatrico de Mondragón, se atrevió a decir en voz alta lo que muchos pensaban: ETA fue la única oposición real al franquismo. No era verdad, claro. Pero se le aproximaba. Carrero Blanco podría aportar aquí su opinión junto a la de los encargados de la embajada estadounidense en Madrid, a escasos metros de donde voló el comandante.
Franco, asesino de masas, no podría jamás acabar con ETA pues su sistema era el mismo, cuña de la misma madera; imponerse por la sangre, la irracionalidad y el terror. La represión salvaje en los pueblos de Euzkadi dió su fruto; ETA estaría legitimada muchos años gracias a la labor de la guardia civil y la policia: torturas, secuestros, violaciones, asesinatos. Los hermanos, vecinos, amigos o simplemente cercanos a aquellos que sufrieron la represión se unirían a la organización con un lazo casi indestructible; tenían razón. Al otro lado de la linea invisible el enemigo odiado razonaba exactamente igual. En el cementerio había tumbas que asi lo demostraban. Los mártires se multiplicaron gracias a Galindos, Potros y otras bestias salvajes, de educación exquisita y modales refinados, a sueldo del estado o de la organización. La maquinaria de las cloacas funcionaba a todo gas y el ventilador que esparce la mierda salpicaba a todos, unos más y otros menos.
Que el estado español sea cerril e incapaz de asumir los presumibles deseos de independencia y autodeterminación de Euzkadi es un problema grave.
Que los vascofalangistas de ETA sean incapaces de asumir su pequeñez, su fracaso y su fin, es una tragedia.
El componente marxista de ETA, importantísimo en otras épocas, es hoy puro folklore; nadie cree, aunque lo proclamen por necesidades del guión, en una Euzkadi marxista leninista. El nacionalismo más patriotero se adueñó del aparato de la organización, de las calles de Bilbo, Donosti, Gasteiz, Irún o Mutriku, la serpiente produjo un veneno cada vez más sofisticado, las banderas, las metralletas y toda la iconografia de la lucha armada pobló el imaginario de los futuros activistas, esos que apretarian el gatillo o el botón de la bomba lapa con la misma frialdad con la que el verdugo apretaba la golilla al ajusticiado en el garrote vil.
Las víctimas son incontables e indiferenciables. Morir y matar por la ikurriña o la rojigualda; un patriota, un idiota (peligroso).
Acusar al gobierno de la vuelta de los euzkal-fachas es de una simpleza que asusta cercana a la imbecilidad.
El estado español, como todos, como lo sería el futuro estado vasco, es sangriento, injusto, hipócrita, traidor. Gobierno y estado, no son la misma cosa, obviedad que conviene repetir. Llamar fascista a Zapatero solo sería posible retorciendo el significado del vocablo hasta límites absurdos. Llamar fascistas a los dirigentes de ETA, como antes a Damborenea, Vera, Amedo y otros parecidos, incluido X Gonzalez, no requiere más que describir la realidad. Si ETA prefiere negociar con Aznar y otros fascistas como ellos es su problema. Ambos son enemigos del internacionalismo, de la libertad, de la fraternidad. Enemigos peligrosos.
ETA ha llegado al final del camino. Señalan al gobierno, igual que la cope, el mundo, la AVT o el ABC, como plañideras de cartón piedra culpando a otros de su miopia, su cretinismo, su fascismo reconocible. Ellos que se han pasado la vida acusando a los demás de fascistas cumplen las mismas premisas que los patriotas falangistas. La serpiente hermanada con el yugo y las flechas. Vascofalangistas.
Abel Ortiz
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jueves 7 de diciembre de 2006
Polonio; asesinatos de calidad

De una pequeña ciudad rusa, llamada Nopreguntes, salen agentes secretos con minúsculas bombas nucleares capaces de atacar a la víctima desde dentro de su organismo.
Algunos espías de las nuevas generaciones, a los que el viejo George Smiley no conoce ni de vista, vuelan a Londres, París, Barcelona o Washington, con la antigua misión de asesinar a los incómodos, con o sin piolet, y, aprovechando la prensa, mandar mensajes a los semiólogos de la segunda parte contratante. La segunda parte contratante, ocupada en invadir países, torturar presos y extender la democracia a misilazos, recibe el mensaje achicando agua en Nueva Orleáns con vasos de chupito, cambiando la decoración en el congreso y en el senado, esperando a Papá Noel.
Putin, el judoka del Kremlin, el responsable de Beslán, el pacificador de Chechenia, no tiene empacho ninguno en recibir a los políticos occidentales con la mueca del desprecio grabada en ese rostro congelado de francotirador experto merodeando Stalingrado. El amigo Vladimir tiene muy malas pulgas. Después de que las palabras mágicas, perestroika y gladnost, cambio y transparencia, utilizadas para privatizar las republicas socialistas soviéticas, significaran en realidad liquidación por derribo, Moscú apareció surcado por coches de lujo, florecieron las inmobiliarias, se vendieron reservas petrolíferas, minas, derechos de explotación de infraestructuras. En los mercadillos de la calle Arbat los puestos ofrecían trajes de astronauta a precios asequibles entre sandias y chocolatinas. Las colas del vodka crecieron en los quioscos, en el metro vendían las paisanas arenques secos y helados caseros por un puñado de rublos y Macdonalds abrió un local en la plaza Pushkin al lado de una plazoleta infestada de ratas.
Los nuevos millonarios, enriquecidos a la sombra de dirigentes formados en el partido, descubren el famoso poder del dinero superior, incluso, al del soviet supremo.
Comprar y vender. Gran negocio si se tiene “mano” en el Kremlin.
En Londres, en un restaurante japonés, un espía ruso es asesinado por polonio. Eso si que es globalización. Más teniendo en cuenta la enorme posibilidad de que esta historia haya sido producida por la Walt Disney corporation. La trama es prescindible. El espectador solo recibe destellos. La guerra asimétrica. La bala silenciosa del fascismo ruso o el veneno mudo de los Borgia. Atención por el este, viene un frío que te cagas.
Abel Ortiz
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lunes 6 de noviembre de 2006
George Bush, el juez de la horca

Sabíamos que en el siglo XIX, en yanquilandia, al oeste del río Pecos, Texas, la soga al cuello y la ley eran todo uno al servicio de Roy Bean, el juez de la horca.
Lo que no sabíamos, aunque lo intuíamos, es que ese “salvaje oeste” llega hasta nuestros días y hasta el mismísimo Bagdad; la cuna de la civilización que los bárbaros se empeñan en destruir envueltos en una bandera sangrienta y ensangrentada.
La pena de muerte es propia de primates en un grado de evolución comparable a las primeras amebas. La pena de muerte solo demuestra que aquel que la promueve, justifica o alaba, aspira a ser un asesino, eso si, dentro de la “legalidad”. La pena de muerte, en cualquier caso o situación, sin excepciones, solo la defienden hienas sedientas de sangre o turbas excitadas por cabestros interesados.
Probablemente los ejes de mi carreta, la carreta de muchos, sean los ejes del mal: Irak, Palestina, Corea del Norte, Afganistán, Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua, Vietnam, Brasil, Uruguay, Irán.
Los ejes del bien, de la carreta de Roy Bean, los engrasan, por no decir adoban, en las universidades americanas, autenticas fábricas de idiotas técnicamente insuperables, aplicados talibanes (taleb-estudiante) estupendamente preparados para justificar lo injustificable.
Auto considerados élite, los últimos licenciados en “diseño inteligente” (una de las ideas más pobres que se les puede ocurrir a los bárbaros salvajes y sádicos, con complejos mesiánicos y resabios redentoristas, para seguir en el rentable negocio de la fe) se permiten dar lecciones aplaudiendo la decisión inducida de ahorcar a Sadam.
Valiente patulea de nazis con ínfulas civilizatorias. La jauría.
Son el mismo país que negoció bases militares con Franco en vez de ahorcarlo. El mismo país que “recicló” a un gran numero de jerarcas nazis en su beneficio tras un Nuremberg vergonzante. El mismo país que tortura, mata, viola y roba a diario en cantidades casi imposibles de medir. El mismo país que se considera con derechos para extender la libertad y la democracia por el mundo con la horca como camino.
El mito de la nueva derecha, los neocon, se desvanece, esta mercancía que venden es más vieja que el fuego del Ku Klux Klan. Basura teórica, miseria intelectual, bazofia moral, birria ética.
Para George Bush, el hombre blanco que habla con lengua de serpiente y sus amiguitos, sin embargo, dejadme, ay, que yo prefiera, desde luego metafóricamente y como homenaje a Krahe, la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene, que se yo, que solo lo tiene la hoguera.
Abel Ortiz
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miércoles 1 de noviembre de 2006
Próxima revolución; Octubre de 2017

La próxima gran revolución, de la que Oaxaca es un episodio preliminar importante, será, aproximadamente, año y mes arriba o abajo, en Octubre del 2017.
De momento, a la fuerza ahorcan, se sigue definiendo y conformando, muriendo en las barricadas también, un “sujeto histórico de cambio” que estudia la “correlación de fuerzas” enfrentándose a estados, como el mexicano, visiblemente atrofiados.
Puritita esclerosis, la enfermedad que produce institucionalizar la revolución; de Villa y Zapata a Fox, Calderón y el gobernador de Oaxaca.
Las predicciones son, pocos años antes de morir en un aeropuerto de Bangkok, del irónico Manuel Vázquez Montalbán, Don Vázquez Montalbán para el subcomandante del EZLN, con quien compartió conversaciones encapuchadas y alimentos embuchados en la mismísima selva Lacandona, Chiapas, abajo a la izquierda, montes azules, sureste mexicano, pegandito a Oaxaca. De esos encuentros saldría un libro inolvidable: Marcos, el señor de los espejos.
Las revoluciones, enterradas definitivamente cientos de veces, vuelven siempre.
Es un proceso histórico comprensible, lógico y normal para cualquiera que no esté abducido por Georgetown, la FOX, el imperio Murdoch o sus variantes carpetovetónicas, esas que “arrastran la capa de Lavapiés”, como decía Azaña de un ministrable patriota remadriles, o insisten en la reconquista, los moros, Don Pelayo y Foxá, que ya es insistir.
La revolución soviética, 1917, necesaria contra un zarismo feudal contingente y unas condiciones sociales explosivas, salió bastante mal; en pocas semanas traicionó a sus hijos, renunció a sus principios, falsificó la realidad, creyó su propia propaganda y se autodestruyó.
La revolución libertaria de 1936 fue ahogada en sangre por, entre otras estrellas invitadas, Hitler, Mussolini, Franco, Stalin, Churchill, Blum, Salazar y Roosevelt.
Lo que Enzensberger llamó, con cierto tono melancólico, “el corto verano de la anarquía” fue un catalizador para todas las contrarrevoluciones posibles.
La próxima saldrá mejor. Desde Espartaco, por ejemplo, hasta hoy, se va mejorando.
Y si no se mejora por lo menos se intenta.
Montalbán no hizo sus previsiones sin un sólido razonamiento que las sostuviera y repitió muchas veces un argumento, casi un estribillo, constante en su discurso: Las clases dominantes forman élites de poder en la universidad, y consiguen una generación de “gestores”,“lideres”, “gurús” o “guardianes del templo”, cada cinco años.
La clase obrera tarda un siglo en formar una generación preparada para dar la batalla.
Ese siglo se cumplirá alrededor de 2017.
Montalbán, genio lúcido, marxista sólido, posibilista cínico, pesimista histórico, comentaba la necesidad, superados los insoportables años de infalibilidad teórica del comunismo, de la oportunidad de eso que él definía como “un proceso de descompresión anarquista”. En esas estamos. Oaxaca es una prueba.
Maestros en huelga, barricadas, represión, adolescentes asesinados, periodistas baleados que filman su muerte, helicópteros policiales, símbolos de la sobreestimulación, hostigando a manifestantes pacíficos como atacaban los pájaros de Hitchcok a los niños de la escuela. Políticos que imponen su soberbia y prefieren ver arder un estado a dejar un puesto.
Un soldado del ejército español republicano, después de dejar atrás un río importante en la retirada durante la guerra civil, no pudo reprimir un pensamiento en voz alta: “estoy hasta los cojones de vivir momentos históricos”.
Es posible que los “momentos históricos” se conviertan en una condena. También es posible que no. En Oaxaca se pelea sobre el suelo del estado más pobre y con más indígenas de Norteamérica. En las barricadas gente muy brava que no cree que la historia se haya acabado. Enfrente los uniformes, el estado.
Los portavoces de las diferentes capillas del poder cantinflean desde sus micrófonos y sus columnas. Se escaquea en los informativos lo evidente dentro de lo posible.
La gran revolución se acerca. En México se dan pasos.
Abel Ortiz
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viernes 27 de octubre de 2006
Kikos: Me cago en la cruz gloriosa

En el barranco de Viznar, Granada, hay fosas comunes con tres mil victimas del pornoterror nacional-católico desencadenado en 1936. Es, el barranco, además, un lugar conocido en medio mundo por ser donde “dieron café, mucho café” a Federico García Lorca a pesar de la “protección” del falangista Rosales. El poeta acompañó y fue acompañado en semejante trance por un maestro de escuela y dos banderilleros cenetistas.
Entre los asesinos figuraba un reincidente conocido por los libertarios de la época tras su participación en la masacre de Casasviejas ; el capitán Rojas.
Setenta años después de excavar aquella fosa por Dios y por España, paña, paña, miembros de la asociación para la cruz gloriosa, relacionados con el movimiento neocatecumenal, los kikos, colocaron junto a las fosas una gran cruz metálica de siete metros. Añadieron a la cruz una placa con la siguiente leyenda:
“Piedad, Dios mío, por aquellos que te blasfeman. Perdónales, ellos no saben lo que hacen. Piedad, Dios mío, por el escándalo del mundo, líbrales del espíritu de Satanás. Piedad, Dios mío, por aquellos que huyen de ti, dales el gusto de la Santa Eucaristía. Piedad, Dios mío, por aquellos que vayan a arrepentirse al pie de la cruz gloriosa, que allí hallen paz y alegría en Dios nuestro Salvador".
Blasfemar es un deporte recomendable. Tras siglos de inquisiciones, quemas de herejes, persecuciones, cismas, reformas y contrarreformas, amenazas y miedos, es una sana cura de desintoxicación religiosa el perder el respeto a lo sagrado.
No cabe duda de que muchos de los enterrados en esas fosas, o por lo menos algunos, eran creyentes. También lo eran, o eso decían, sus ejecutores. Blasfemar, en según que épocas, no tan lejanas, costaba la vida. Afortunadamente muchas cosas han cambiado. Se puede ser creyente, existen millones de ejemplos de cristianos de base, sin ser un necio psicópata.
La blasfemia, como arma de defensa, es necesaria. Los kikos y similares provocadores, fantoches cristofascistas, han conseguido lo que se proponían: Me cago en la cruz de siete metros, en la placa, en los kikos, en el movimiento catecumenal y en el padre santo de Roma.
Alguien, bendito sea, retiró la placa de la vergüenza. Los catecumenales han retirado la cruz pues, para ellos, no tiene sentido sin la oración explicativa. El alcalde, de izquierda unida, no acaba de entender semejante trasiego de símbolos. Estos seguidores de Kiko Arguello, otro Escrivá, están en auge. En este caso se han ganado el desprecio, el asco y la rabia de miles de personas. Blasfemar lo puede hacer cualquiera pero dar muestras de semejante retorcimiento, sadismo, fariseismo y mala fe, está reservado a los “elegidos”.
Al fin y al cabo deberían promover la blasfemia; quien se caga en dios se está declarando creyente por vía rectal indirecta.
Abel Ortiz
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Abel Ortiz
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